Navegación anónima: ¿derecho o tapadera?

La comunidad que reclama el derecho a recorrer Internet de forma anónima es cada vez mayor y más fuerte. Y alrededor de ella surgen, también con una menor periodicidad, herramientas que aportan la posibilidad de hacer valer este reclamo. No voy a valorar si este derecho es legítimo o no, pues se encuentra perfectamente legislado y no es el objetivo de esta reflexión el realizar juicios de valor en el ámbito legal, sino más bien el de llevar a cabo un nuevo y brevísimo sondeo, absolutamente subjetivo, de la actual situación técnica en este terreno y de la utilización que se hace del mismo.

Si bien la oferta es suficientemente amplia, hoy por hoy, y posiblemente debido a su concepción y arquitectura, TOR es sin duda la herramienta más usada por el grueso de los navegantes anónimos, sobre todo de bajo nivel de especialización. TOR, una red de multi-enrutadores que basa su concepción en que la comunicación entre origen y destino salta por varios de ellos de forma encriptada (excepto entre el último tramo y destino, detalle muy importante) sin que ninguno de ellos conozca de forma completa origen y destino, sino sólo el enrutador predecesor y el sucesor.

Pero si miramos la tipología del tráfico en esta plataforma (algo realmente fácil en un nodo de salida, pues basta esnifar el tráfico, que en su mayor medida no usa pasarelas seguras entre origen y destino) podemos observar un elevado uso por la despreciable comunidad pederasta. En este caso no es vaho todo lo que empeña esta red. Su concepción y funcionamiento es realmente válido.
De hecho, como uso legítimo de la misma podemos indicar el que hacen embajadores de todo el mundo para la gestión de su correo electrónico (y resalto ésta por las noticias que al respecto han asaltado los titulares de las páginas especializadas en seguridad en los últimos días).

Funcionamiento de la red TOR

¿Estamos pues ante otro paraguas de la delincuencia? Tras muchos años en este mundo, tengo una visión posiblemente demasiado partidista: quien algo oculta, algo esconde. Parece una afirmación de Perogrullo, pero nunca he encontrado más que unos pocos motivos legítimos para querer o necesitar navegar de forma anónima, frente a numerosísimos motivos para querer ocultar por estos medios quebrantamientos a la legislación vigente.

Permitidme pues mantener mi reflexión. ¿La navegación anónima es un derecho como tal, o por el contrario una forma de encubrimiento del delito? Me gustaría poder discutir este asunto con alguno de los asiduos “marinos sin nombre” que hacen uso de estas técnicas. Por el momento, seguiré desalentado ojeando el registro de mi esnifador.

2 comentarios en “Navegación anónima: ¿derecho o tapadera?

  1. permíteme que sea el primero en comentar. Desde mi punto de vista debe ser anónima ya que simplemente quiero obtener información de la Web no que esta la obtenga de mi.

  2. No entro en valorar el que ‘deba’ de ser anónima, pues se trata de algo perfectamente legislado donde derechos y deberes están claramente expuestos.
    Sí enjuicio, a nivel exclusivamente personal, su uso para fines benévolos o no. A sabidas cuentas de que, en una navegación normal por páginas no maliciosas, la información que interesa del navegante es para fines puramente estadísticos, y que aporta un valor a tener muy en cuenta de cara a definir estrategias, políticas de marketing y posicionamiento web (información aportada por el navegador, uno u otro, y no por plugins de terceros), no encuentro más que unas poquísimas excusas para reclamar este asunto. Pero por contra, y a los hechos me remito, su uso es masivo para actividades tan maliciosas como el ataque a páginas web, y sobre todo el intercambio de pornografía infantil. Quiero con esto decir que, si bien la herramienta en sí, bien ésta o bien cualquier otro método similar, es realmente valiosa para determinados fines benévolos, su uso es masivo para actividades absolutamente ilícitas.
    Insisto en que me gustaría de veras poder despachar con algún asiduo de estos métodos de navegación, y que me abriera las vistas y me convenciera de otros fines válidos y que no se cuenten con los dedos de un mano. Mientras, como ya os decía en la columna, me faltan dedos para contar actividades al otro lado de la ley en mi registro del esnifador. Para mayor desilusión mía…

Deja un comentario